| El Museo de la Memoria |
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Julio Álvarez nos entrega su punto de vista acerca de la polémica creación del Museo de la Memoria.
“Si vives con honestidad, tu vida se curará sola” (David Viscott, M.D. en Emocional Resilience)
Por Julio Álvarez Somos una sociedad neurótica. Sólo hay que pararse en cualquier esquina de tráfico pesado para comprobarlo. El peruano promedio, por formación y deformación, esconde emociones el miedo, vulnerabilidad, tristeza, frustración, etc. cotidianamente, en el seno de la familia, en el de sus relaciones cercanas y hasta en el trabajo, es decir, en el ámbito de su existencia donde se relaciona con las personas importantes de su vida, al que llamaremos “el mundo importante”, creando familias disfuncionales y violencia social. Sí, violencia social, por que lo que somos como personas especiales e identificables lo proyectamos en el otro ámbito, en el del Mundo indiferente donde somos individuos parte de un agregado social. Aquellos que estamos ya en los 40 y, por ende, vivimos el placer de vivir en la Lima anterior a la del conflicto interno en sus primeros años, cuando todavía ocurría casi exclusivamente en el campo y las provincias de la Sierra, recordamos que Lima era una ciudad tranquila o, al menos, una ciudad donde la violencia cotidiana era extraña. Y cuando hablo de violencia cotidiana me refiero no sólo a los asaltos o robos al paso, riñas y asesinatos, sino sobretodo a un tipo de violencia al que nos hemos acostumbrado sin chistar, tal vez porque, de una u otra manera, todos participamos en ella: la de la gente común y corriente, como la de los conductores entre sí o de estos contra los peatones. El estilo de conducir de la ciudad me hace imaginar a veces que todos nos levantáramos todos los días y nos propusiéramos usar el resto del día para hacerle miserable la vida a los demás. Y lo hacemos porque estamos llenos de heridas, como individuos y como sociedad, heridas que, mientras no nos atrevamos a mirarlas frente a frente, aceptarlas y reconocerlas, seguiremos harán que sigamos siendo una sociedad altamente neurótica. Como individuos, vamos al sicoterapeuta para entender nuestras emociones. Y es éste quien nos ayuda a construir nuestro museo personal de la memoria, pues sólo viendo cara a cara y aceptando sin etiquetas nuestras heridas más profundas, podemos empezar nuestro proceso de curación emocional.Como sociedad es lo mismo. Necesitamos primero ser honestos con nosotros mismo y aceptar lo que hicimos como sociedad, y sólo así podremos curar nuestras heridas. Para eso se construye el Museo de la memoria, para curar nuestras heridas y aprender de lo que hicimos, para dejar de ser víctimas y convertirnos en una sociedad responsable. Se ha dicho de todo sobre el proyectado Museo, que debe servir para recordar a las víctimas de la violencia, recordar los años de la violencia política en el Perú (“el cual “debe ser imparcial y no debe poner a las fuerzas armadas al mismo nivel que los grupos terroristas” Rafael Rey), rendir homenaje a las víctimas que cayeron durante los años de la violencia, honrar a los militares que murieron durante los años de la violencia, unir a “todos” los peruanos, exorcizar el pasado y, tal vez la más lúcida, del escritor Mario Vargas Llosa, para "enseñar a las nuevas generaciones los estragos que causan el fanatismo ideológico y la trasgresión de la ley." Pero aún así, ninguna de estas es la razón esencial. A contrapelo de lo que la iglesia católica y ciertos sectores políticos amantes de la cultura del secreto deseen, la razón esencial es que el Museo de la Memoria se construye para que la sociedad peruana cure sus heridas y recupere la salud emocional. El Museo de la Memoria, por lo tanto, no se construye para honrar a las víctimas o a los militares o para unir a los peruanos, o para exorcizar un pasado que estará allí siempre, sino para que los peruanos nos miremos como sociedad y veamos hasta dónde puede conducir las creencias ideológicas, la locura colectiva y la deshumanización de aquel al que convertimos en “enemigo aniquilable” sólo porque piensa diferente. Así, cuando lleve a mi hijo a visitar ese museo, podré mostrarle en imágenes la diferencia entre los Ismos y la cruda realidad, y él sabra entonces a ciencia cierta porque son malos la intolerancia y los fanatismos.Las emociones que no se expresan y heridas que no se curan, tarde o temprano terminan por estallar o conducen a otro tipo de problemas sociales y emocionales. Tags: museo de la memoria perú
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