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Las bienaventuranzas
Por: Mauricio Bueno

Las bienaventuranzas proceden del Padre y regresan a Él cuando asumo debidamente los dones recibidos, puesto que todo es Su Presencia infinita y eterna.

Soy creador de mi propia realidad y mi mayor aprendizaje terrenal consiste en comprender realmente el significado del Amor, que más que una palabra o definición es una experiencia diaria y personal de entrega al otro sin medida, un raudal de sentimientos que canalizan la tolerancia, el respeto, el perdón, la sanación interior y la alegría de vivir como pilares de mi diario existir.

En este sentido, soy invitado a vivir una vida nueva en la Presencia latente y perdurable del Dios del Amor que se manifiesta en mi propio interior como creador y sanador. De esta manera, en la medida que entro en esta nueva toma de conciencia, cada paso que doy está guiado por estos sentimientos activos y universales que conllevan a un estado de paz interior que se refleja en cada palabra escrita y hablada.

Por lo tanto, más allá de la palabras se halla el aprendizaje de las experiencias, el cual conduce al crecimiento y la transformación particular, lo cual se multiplica en las personas que me rodean cuando soy testimonio del Amor de Dios, reflejándolo como un ser privilegiado del Universo en un plano de aprendizaje y evolución.

Así pues, siente el deseo de amar y vive esa experiencia en lo más profundo de tu corazón, no permitas que las contrariedades ni el sufrimiento frenen tu capacidad de entrega y aprende de las pruebas pues están allí precisamente para pulirte y hacer de ti un mejor ser humano, integro y fuerte. Sigue adelante y no permitas que los pensamientos negativos de otros detengan tu búsqueda interior y el camino que conduce a la bienaventurada felicidad.

A tu alrededor encuentras hombres y mujeres que son bendecidos con tu agradable presencia que es manifestación del mismo Dios que habita en ti, permitiendo que otros encuentren el sendero que conduce a la gracia y serenidad que sólo vienen de Dios y su infinita misericordia.

Cuando entrego generosamente lo que recibo, soy bienaventurado.
Cuando amo sin condicionamientos, soy bienaventurado.
Cuando aprendo el verdadero sentido de la palabra libertad y la vivo en el Amor, soy bienaventurado.
Cuando lucho por alcanzar los sueños y soy coherente con esa búsqueda, soy bienaventurado.
Cuando aprendo a ver en lo pequeño y sutil la Presencia de Dios, soy bienaventurado.
Cuando comprendo que llego a este plano a ser feliz, soy bienaventurado.
Cuando amo a todos los seres humanos por igual, soy bienaventurado.
Cuando mi amor por la creación se sitúa por encima de creencias religiosas y descubro en cada ser viviente la Presencia Divina, soy realmente bienaventurado.

El amor está para serle fiel a Dios. Todo en el amor y todo como fruto de la gracia de este don. Sé feliz y lleva felicidad a quienes te rodean. Ama y permítete recibir el amor como don divino. Las palabras no son nuevas y todo está dicho desde siempre.
 

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